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«Tesoros de la Fe» Nº 29 > Tema “Fiestas y advocaciones universales de la Santísima Virgen”

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María Auxiliadora



«Ahora la Virgen quiere que la honremos con el título de María Auxiliadora. Los tiempos corren tan tristes y peligrosos que necesitamos que la Virgen nos auxilie y ayude a conservar y defender la Fe cristiana como en Lepanto, como en Viena, como en Savona y Roma...» (Don Bosco, 1862).


La devoción a María Auxiliadora se remonta a los primeros siglos de la Iglesia; sin embargo, es a raíz de la gran victoria de las armas católicas contra los turcos en Lepanto, en 1571, que ella adquiere mayor relieve, cuando el título de María Santísima como Auxilio de los Cristianos fue incluido por el Papa San Pío V en las Letanías Lauretanas.

A partir de entonces, tal invocación se extiende especialmente a las regiones de Europa en donde prevalecían las contiendas religiosas, tanto en los enfrentamientos con protestantes como en los reiterados intentos de los musulmanes por invadir el Viejo Continente.

Más tarde, a comienzos del siglo XIX, durante la ultrajante prisión a que el déspota de Napoleón sometió al Papa Pío VII, éste prometió establecer la fiesta de María Auxiliadora el día en que retornara libre a Roma. El 24 de mayo de 1814, después de cinco años de amargo cautiverio en Savona, el Santo Padre entró triunfante en la Ciudad Eterna y en acción de gracias introdujo en el calendario litúrgico esta conmemoración mariana.

Una advocación para tiempos difíciles

Al año siguiente, en una pequeña aldea del norte de Italia, nacía uno de los mayores santos de la época contemporánea, quien se convertiría en el gran propagador de esta devoción: San Juan Bosco. Él mismo nos explica su trascendencia: El título de Auxiliadora de los Cristianos no es cosa nueva en la Iglesia de Jesucristo, pero en estos últimos tiempos se ha comenzado a proclamar así a la Virgen Santísima, por una razón muy particular No se trata de invocar tanto a María por intereses privados, cuanto por los gravísimos e inminentes peligros que amenazan a los fieles. Hoy es atacada la Iglesia Católica en su culto, en sus instituciones sagradas, en su cabeza, en su doctrina, en su disciplina; es atacada como Iglesia Católica, como centro de la verdad, como maestra de todos los fieles. Por eso se recurre a María, como a madre común, como a especial Auxiliadora de los gobernantes y de los pueblos católicos. Por esto decimos que María ha sido constituida por Dios Auxiliadora de los Cristianos y que en todo tiempo ha mostrado serlo efectivamente en los males públicos, especialmente a favor de los pueblos que sufrían y luchaban por la fe.

La venerable imagen de María Auxiliadora: un sueño de Don Bosco

En diciembre de 1862, Don Bosco, fundador de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales (salesianos) y de las Hijas de María Auxiliadora, tomó la resolución de construir una iglesia dedicada a esta bellísima devoción. Es el espléndido Santuario de María Auxiliadora de Valdocco, en Turín, en cuyo altar mayor el gran santo hizo pintar a Lorenzone un cuadro de siete metros de altura que él mismo describe de la siguiente manera:

La Virgen se mueve en un mar de luces y de majestad. Rodeada de ángeles los cuales la saludan como su Reina. Con la mano derecha sostiene el cetro, que es el símbolo de su gran poder, con la izquierda sostiene al Niño Jesús quien tiene los brazos abiertos ofreciendo de esta manera su gracia y su misericordia a quien recurre a su augusta Madre.

Rodeándola y hacia abajo se ven a los Apóstoles y los Evangelistas, quienes transportados en un dulce éxtasis, mirando a la Virgen es como si exclamaran: Regina Apostolorum, ora pro nobis -Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. En la parte inferior del cuadro se ve la ciudad de Turin, con el santuario de Valdocco en primer plano y con el fondo de Superga. Lo que es de gran valor en el cuadro es su idea religiosa que genera una impresión devota a quien lo observa.

Mons. Octavio Ortíz Arrieta  S.D.B., encabeza la solemne procesión de María Auxiliadora (Chachapoyas, 1938)

Llegan los salesianos al Perú

Fueron los hijos de Don Bosco, los salesianos, quienes trajeron al Perú en 1891 la devoción a María Auxiliadora. Hoy, sus obras están a la vista: La espléndida Basílica de la Av. Brasil en Lima, colegios y templos en numerosas ciudades del país, generaciones de niños y jóvenes impregnados con el espíritu del santo y genial educador, almas que murieron en olor de santidad —como es el caso de Mons. Octavio Ortiz Arrieta, fundador de la obra salesiana en Piura y más tarde Obispo de Chachapoyas—, y una infinidad de imágenes de María Auxiliadora que, apostadas en lugares de los más inimaginables de nuestra geografía, elevan permanentemente nuestras miradas a la Reina de los Cielos.

Roldana que conduce al Cielo

Con ocasión de la fiesta de María Auxiliadora, en mayo de 1995, Plinio Corrêa de Olivera, el insigne inspirador de "El Perú necesita de Fátima'' pronunció estas expresivas palabras:

La idea de auxilio evoca la idea de necesidad, pues sólo pide auxilio aquel que está en situación de necesidad; el hombre que no está en necesidad no precisa de auxilio.

Sólo es auxiliadora Aquella que tiene como función normal, como misión propia, como trazo característico de su personalidad, el hecho de ser auxiliadora. Y la Santísima Virgen es por excelencia Auxiliadora, es Aquella que a todos nos auxilia, de todos los modos, en todas las circunstancias y en todos los lugares. Para eso, tiene que estar dotada de una riqueza simplemente fabulosa, y de una bondad aun más extraordinaria que su propia riqueza.

De tal manera que Nuestra Señora jamás se cansa de dar, jamás se cansa de perdonar; y el perdón es uno de sus dones, tan inmensamente precioso que, después de haber perdonado mucho, aún tiene para aquel que la ofendió una sonrisa de piedad, cuando éste la invoca y pide su misericordia.

Pero, aunque no la invoque, Ella lo auxilia. Ve la condición miserable de esta o de aquella alma y le pide a Nuestro Señor Jesucristo por ella. Es la Madre que viene al auxilio del hijo que no lo pide; que le da auxilio al hijo que no ve; que le da auxilio al hijo que no lo quiere; y lo socorre, se podría decir por la espalda, concediéndole una gracia cualquiera, por la cual éste sea tomado de amor, de reverencia, de gratitud.

De ese modo, el hijo comienza a venerar a Nuestra Señora como Auxiliadora y queda a Ella vinculado la vida entera, porque una tal Madre siempre lo auxiliará más y le dará fuerzas para pedir aun más auxilio. Es una especie de roldana que lleva hasta el Cielo, mediante la cual, como por una cuerda misteriosa, la Santísima Virgen va jalando a la persona hacia el Paraíso celestial. ¡Es preciso, simplemente, que quiera agarrarse a la cuerda que le fue lanzada por la Virgen, la Auxiliadora de los Cristianos!

*     *     *

Con cuánta razón podemos nosotros decir hoy con San Juan Bosco: Ahora la Virgen quiere que la honremos con el título de María Auxiliadora. Los tiempos corren tan tristes y peligrosos que necesitamos que la Virgen nos auxilie y ayude a conservar y defender la fe cristiana como en Lepanto, como en Vena, como en Savona y Roma... ¡María, Auxiliadora de los Cristianos, auxiliad al Perú y a todos sus hijos!     





  




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