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«Tesoros de la Fe» Nº 101 > Tema “Más sobre Fátima”

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Fátima:

Una prodigiosa historia que comenzó cinco siglos antes de las apariciones


Luis Dufaur



El 16 de octubre de 1454, en el Monasterio de Santa María Magdalena de las religiosas dominicas de Alba, al sur de Turín, Italia, Sor Filipina agonizaba.

Junto a su lecho, la bienaventurada Margarita de Saboya, abadesa y fundadora del monasterio, toda la comunidad y el confesor de las religiosas, el padre Bellini, fueron testigos de un hecho extraordinario sobre el que escribieron un testimonio destinado a “aquellas personas que en los años futuros leerán estas hojas”. 1 El año 2000, las propias dominicas de Alba publicaron la documentación al respecto. 2

Preanuncio de los “errores de Rusia” de 1917

“Ocurrió —dice uno de los escritos— que durante su agonía [Sor Filipina] recibió del Cielo una magnifica visión o revelación, durante la cual, delante del padre Bellini, de la Abadesa Fundadora y de todas las monjas, manifestó en alta voz cosas ocultas. [...] Raptada por una alegría celestial, volviendo su mirada a lo alto, saludó nominalmente y en alta voz a los celícolas 3 que venían a su encuentro, o sea: a la Santísima Señora del Rosario, a Santa Catalina de Siena, al beato Humberto, al abad Guillermo de Saboya; hablaba de acontecimientos futuros, prósperos y funestos para la Casa de Saboya, hasta un tiempo no precisado, de terribles guerras, del exilio de Humberto de Saboya en Portugal, de un cierto monstruo de Oriente, tribulación de la humanidad, pero que sería muerto por Nuestra Señora del Santo Rosario de Fátima, si todos los hombres la hubiesen invocado con gran penitencia. Después de ello, expiró en los brazos de su prima, nuestra santa madre Margarita de Saboya”. 4

Sorprendente advertencia en plena consonancia con Fátima

Sí, en 1454, poco más de cuatro siglos y medio antes de las apariciones en la Cova da Iría, el Cielo desvendó a una alma de élite el castigo que significaría para el mundo pecador un “monstruo de Oriente, tribulación de la humanidad”, figura que bien puede encarnar los “errores de Rusia” contra los cuales la Santísima Virgen advirtió a los hombres en 1917.

Además, dio una señal de la época en que ocurriría la “tribulación”: por ocasión del exilio del rey Humberto II de Italia. Esto sucedió al concluir la Segunda Guerra Mundial, ¡pocos años después que la hermana Lucía hiciera público el contenido del mensaje revelado en Fátima!

La revelación del siglo XV destaca también la condición puesta por Nuestra Señora en 1917: una “gran penitencia” para que el mundo se libre del flagelo de la “tribulación de la humanidad” venida de Oriente.

En 1454, como en 1917, el Cielo anunció el triunfo final de la Santísima Virgen. Uno de los documentos ahora publicados dice que el “monstruo de Oriente, tribulación de la humanidad, [...] sería muerto por Nuestra Señora del Santo Rosario de Fátima”. 5 En otro documento, se lee la misma aseveración, en los siguientes términos: “Satanás hará una guerra terrible, pero perderá, porque la Virgen Santísima Madre de Dios y del Santísimo Rosario de Fátima, «más fuerte que un ejército en orden de batalla», lo vencerá para siempre”. 6

Prodigioso puente entre el pasado y el futuro

Al considerar esta visión, afloran al espíritu innumerables preguntas. Ellas son hasta desconcertantes. ¿Qué relación habría entre el monasterio de las dominicas, en la pequeña ciudad de Alba, y la entonces desconocida aldea de Fátima, en una época de escasas e inciertas comunicaciones? ¿Cómo explicar el hecho que la Providencia haya comunicado con tanta anterioridad el anuncio de la intervención de María Santísima en Fátima, y, sin embargo, haya permitido que sólo se venga a conocer en el tercer milenio?

La Hna. Lucía, en 1946


Leyendo con atención los documentos publicados el 2000, encontramos respuestas a estas y a otras interrogantes. Más aún. Afloran una serie de acontecimientos históricos, humanos y celestiales, que lanzan un puente por encima de los siglos.

La vida de Sor Filipina pertenece a la categoría de los hechos que, a manera de un destello, nos proporcionan una vista previa, aunque pálida, de la arquitectura de la obra que Dios está construyendo a lo largo de los milenios de Historia.

Sor Filipina, una religiosa dominica de alta nobleza

Sor Filipina era de estirpe principesca. Su padre, Felipe II de Saboya, príncipe de Acaya, nació en 1344 y desde joven tuvo que defender militarmente sus derechos sobre el feudo paterno. Desheredado y traicionado por su madrastra, fue atado con cadenas y lanzado a las heladas aguas del lago Avigliana, cerca de la abadía de San Michele delle Chiuse, entre Piamonte y Saboya, el 20 de diciembre de 1368.

Ese mismo año nacía su única hija, Humberta Felipa, en el castillo de Sarre. Nunca conoció a su padre, pero al enterarse de su terrible destino, se hizo religiosa para obtenerle la gracia de la salvación eterna. A fin de que su holocausto fuera más perfecto y no ser objeto de preferencias, ocultó su nombre principesco y entró en religión como Filipina dei Storgi.

En el momento de su ejecución, el príncipe Felipe se había puesto en el cuello una medalla de un antepasado, el bienaventurado Humberto III (+ 1189), conde soberano de Saboya y héroe en la defensa del Papado contra las injustas pretensiones del emperador Federico Barbarroja.

Cuando el cuerpo de Felipe desapareció bajo las aguas, los asesinos huyeron. No obstante, por inverosímil que parezca, el príncipe no murió. Por un milagro —que él atribuía a la medalla del beato Humberto— volvió a la orilla sin ser visto por nadie. Partió entonces al exilio y llevó desde entonces una vida de penitente. Ocultando su identidad bajo un seudónimo, peregrinó por los santuarios de Francia, Suiza y España. Hasta que llegó a... Fátima, en Portugal.

¿Por qué Fátima? ¿Qué había allí?

Fátima: tierra mariana y de cruzada

Los documentos ahora publicados mencionan “una iglesia en una pequeña ciudad que se llama Fátima, edificada por una antepasada de nuestra Santa Fundadora Margarita de Saboya, Mafalda reina de Portugal”. 7

La reina Mafalda (+ 1157) fue esposa de Don Alfonso Henriques (1128-1185), fundador del reino portugués. Ella era hija de Amadeo III de Saboya (+ 1148), conde del Sacro Imperio, fallecido en la Segunda Cruzada, y hermana del beato Humberto, a quien el príncipe debía la vida. Era también una antepasada del príncipe en desgracia.

La región de Fátima y sus inmediaciones fueron conquistadas a los moros por la espada del rey Don Alfonso. Pronto este rey necesitó proteger a su población y controlar el área conquistada, porque las incursiones mahometanas eran continuas. Por eso Don Alfonso, con la participación de la reina Mafalda, donó grandes extensiones de aquellas tierras a dos eximias órdenes religiosas.

Una fue la Orden del Císter (cistercienses), fundada por San Bernardo de Claraval, el gran apóstol mariano de la Edad Media y primo del rey. Los cistercienses erigieron la célebre abadía de Santa María de Alcobaça, cuna de la cultura lusitana, a menos de 40 km al oeste de Fátima.

La otra fue la Orden del Templo (templarios), orden militar de caballería constituida también bajo el influjo de San Bernardo, para defender la Tierra Santa. Después de una polémica prohibición, los templarios fueron expulsados de Europa y se refugiaron en Portugal. Su cuartel general estaba localizado en Tomar, aproximadamente a 30 km al este de Fátima. En 1318, bajo el reinado de Don Dionisio, se transformó en el cuartel general de la Orden de Cristo.

Lago Avigliana, en cuyas aguas fue arrojado el príncipe Felipe II de Saboya


Región de batallas en defensa de la Cristiandad

Este conjunto de hechos explica por qué Fátima y sus inmediaciones estaban profundamente impregnadas por la irradiación mariana cisterciense y por el espíritu templario de cruzada, que emanaban de los dos grandes polos abaciales: Alcobaça y Tomar. Tal irradiación redundó en la construcción de múltiples fortalezas de la Orden del Templo y abadías, iglesias y capillas dedicadas a la Virgen María, en plena época de cruzadas. “La lucha contra el Islam —confirma el canónigo Barthas— continuó a lo largo de todo el siglo XII. Varios de los bellos hechos de armas que hicieron de Portugal el caballero de la Cruz contra el Creciente se desarrollaron en la región que circunda Fátima”. 8

Fátima estaba localizada en la confluencia de las rutas que unían los castillos de Leiría, Tomar, Santarém, Ourém y Porto de Mós, recorridas por reyes, nobles y caballeros templarios. Una vieja tradición, aún viva en 1917, contaba que al pasar San Nuno Alvares Pereira por Fátima en 1385, su caballo se “habría arrodillado y, a la vista de ello, Don Nuno habría dicho: «aquí ha de darse un gran milagro»”. 9 En la sierra de Fátima, el santo condestable habría planeado la histórica batalla de Aljubarrota, que selló la independencia de Portugal.

En el origen de la ciudad de Fátima está, precisamente, un pequeño monasterio erigido por cistercienses provenientes de Alcobaça. 10

De aquel monasterio sólo quedan los cimientos, que sirven de base para la actual iglesia parroquial, erigida en el siglo XVIII. Las tradiciones locales también hacen numerosas referencias a antiguas capillas junto a las cuales vivieron otrora ermitaños con fama de santidad.

Por otra parte, la reina Mafalda incentivó la creación de numerosas abadías e iglesias en otros lugares del reino, varias de las cuales aún existen.

¿Cuál de ellas habría sido “la iglesia construida por Mafalda (o Matilde) de Saboya, hermana del beato Humberto y primera reina de Portugal, en honra y por devoción a la Santísima Virgen, en el lugar llamado «Roca de Fátima»”, que Felipe fue a visitar y del que hablan los documentos? 11

Es difícil saberlo. Quedamos a la espera de los esclarecimientos que las investigaciones históricas puedan traer.

Muerte del príncipe Felipe sin encontrar a su hija

El hecho es que el príncipe Felipe, después de años de ausencia, volvió a su tierra natal. Se presentó primeramente al obispo de Tarantasia, Eduardo de Saboya (+ 1395), su tío. Después inició la búsqueda de su hija, encubierto por un seudónimo.

Los años pasaron. Las arrugas surgidas en la cara, las ropas de mendigo, en nada recordaban en Felipe al joven y temido jefe de armas que fuera otrora. Nadie lo reconoció. Pero su búsqueda fue infructífera, a pesar de visitar las casas de sus familiares. Entre ellas la de su sobrina, la bienaventurada Margarita de Saboya-Acaya. 12 La última vez que estuvo con ella, en diciembre de 1418, le reveló su verdadera identidad, le narró el milagro en el momento de la ejecución y su vida posterior. Al fin, le confió su más preciosa reliquia —la medalla del beato Humberto— pidiendo que se la entregara a su hija, en caso de que ella apareciera.

“Una vez hecha esta extrema revelación —dice uno de los documentos— por disposición divina, expiró la noche siguiente en la iglesia de San Francisco, sobre el sepulcro de su hermano Ludovico de Saboya, mientras ansiaba volver a la tumba del beato Humberto en Hautecombe”. 13-14

Monasterio de Alcobaça


Holocausto aceptado y el prenuncio de Fátima

La beata Margarita se quedó con la medalla. La hija del príncipe Felipe, junto con su progenitora, había desaparecido hacía mucho tiempo. En realidad, había entrado “junto con su madre en el monasterio de Santa Catalina de Alba, tomando el nombre de Sor Filipina, por el padre que daba por muerto”. 15

Años después, la bienaventurada Margarita fue a Alba. Allí fundó el monasterio de Santa María Magdalena. Cierto día, Sor Filipina pidió su transferencia para el nuevo monasterio. Tenía para ello una autorización del Papa Nicolás V, fechada el 16 de enero de 1448. Pero recién a la hora de su muerte confesó a la abadesa que era prima suya. También fue sólo en ese momento que Sor Filipina tomó conocimiento, por medio de la beata Margarita, de la virtuosa muerte de su padre, por cuya salvación había ofrecido su vida religiosa, así como de su paso por Fátima. Así embelesada, recibió la milagrosa medalla.

Sor Filipina pasó toda la vida ignorando la aceptación de su sacrificio. A la hora de la muerte, la admirable arquitectura de su vida se le presentó de modo fulgurante. Más aún, el Cielo la premió con la visión del triunfo futuro de la Santísima Virgen sobre “un cierto monstruo de Oriente, tribulación de la humanidad, [...] que sería muerto por Nuestra Señora del Santo Rosario de Fátima, si todos los hombres la hubiesen invocado con gran penitencia”. 16

Providencial conservación de los documentos

La historia, sin embargo, no termina aquí. Como fue dicho, en 1454 todos los presentes redactaron un documento para la posteridad, narrando la portentosa visión de Sor Filipina.

Dos siglos después, en 1638, el padre Jacinto Baresio O.P. publicó una historia de la noble familia Saboya, a pedido de la duquesa de Mantua, Margarita de Saboya-Gonzaga, entonces virreina de Portugal. A la hora de escribirla, fray Baresio analizó la crónica de Sor Filipina y juzgó que el episodio de la ejecución del príncipe Felipe podría manchar la reputación de la dinastía. Entonces simplemente la quemó...

No obstante, ni bien se marchó el dominico, la abadesa y las más antiguas religiosas del monasterio, que habían leído el original, reconstituyeron su contenido, rubricando cada una el texto en señal de autenticidad, el 7 de octubre de 1640.

En 1655, una religiosa que sólo anotó sus iniciales dejó escrito otro documento, confirmando todo cuanto decía el anterior, en los siguientes términos:

“Dicen las memorias escritas que allá, en la Lusitania, hay una iglesia en una pequeña ciudad que se llama Fátima, edificada por una antepasada de nuestra Santa Fundadora Margarita de Saboya, Mafalda reina de Portugal e hija de Amadeo III de Saboya, y que una estatua de la Virgen Santísima hablará sobre acontecimientos futuros muy graves, porque Satanás hará una guerra terrible; no obstante perderá, porque la Virgen Santísima Madre de Dios y del Santísimo Rosario de Fátima, «más fuerte que un ejército en orden de batalla», lo vencerá para siempre.

A. D. 1655. Santo Domingo, te confío estas hojas.

Sor C. R. M.” 17

En el siglo XIX, una nueva visión confirma el anuncio

Pero también estos otros manuscritos cayeron en el olvido. En gran parte debido a las persecuciones religiosas, que en dos ocasiones cerraron el convento de las dominicas de Alba.

San Nuno Alvares Pereira


Así transcurrieron dos siglos más. Hasta que en 1855 18 la entonces abadesa Benedicta Deogratias Ghibellini “recibió la revelación, de una alma santa, del contenido de aquella crónica desaparecida y lo confió verbalmente a su sucesora, con la obligación de transmitirla, siempre en secreto y no públicamente, hasta que se haya verificado cada cosa”. 19

El 22 de mayo de 1923, la Madre Priora Stefana Mattei comunicó el secreto a sor Lucía Mantello. Ésta permaneció brevemente con las dominicas antes de ser religiosa salesiana. Ella no tuvo en sus manos los antiguos documentos, y apenas trascribió esta otra revelación transmitida por cada abadesa a su sucesora y que hacía referencia a las crónicas que estaban desaparecidas.

En los apuntes esquemáticos de sor Lucía, se lee:

“Una antiquísima crónica del Monasterio narraba la visión de Sor Filipina dei Storgi [...]. Sor Filipina moribunda (16 octubre 1454) tiene una visión (la beata y las monjas están presentes) [...]. Personajes de la visión: Nuestra Señora del Rosario, Santo Domingo, Santa Catalina de Siena, el beato Humberto, el abad Guillermo de Saboya-Acaya: todos vienen a su encuentro. Después, después una interrupción, una mirada al futuro: [...] Humberto II en el exilio en Portugal; [...] ¡Nuestra Señora de Fátima salvará a la humanidad [...]. Amén!” 20

Cuando los documentos de siglos anteriores fueron redescubiertos, la concordancia entre ellos sirvió de preciosa prueba recíproca de la autenticidad de ambas revelaciones.

Confirmaciones posteriores del triunfo de la Virgen

Los documentos que aquí analizamos dan una idea de la inmensidad del plan que la Providencia tiene a respecto de Fátima. Tal plan lo inició, por ocasión de la fundación del Reino de Portugal, y lo fue preparando a lo largo de los siglos. Además, fue comunicándolo a ciertas almas muy queridas de María Santísima. Ellas quedaron como testigos, para reconfortarnos en este tiempo de auge de la tribulación. Y nos dicen, a través de una narración providencial, que al final, contra todas las apariencias en sentido contrario, ¡el maligno será derrotado y Nuestra Señora triunfará!

Hoy, el “monstruo de Oriente, tribulación de la humanidad”, revelado a Sor Filipina, desencadena sus más “terribles guerras”. En efecto, en todo el mundo los “errores de Rusia” son los causantes de revoluciones, odio de clases, y de una avalancha de inmoralidad y ateísmo que amenaza a la familia y toda la sociedad. En Oriente, esos mismos errores penetraron el Islam, que, con un furor redoblado por el virus revolucionario, se vuelve contra Occidente con una violencia brutal.

Sin embargo, cuanto más todo parezca perdido, debemos confiar, contra toda incredulidad humana, en la promesa de la Virgen de Fátima: “Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará”.     


Notas.-

1. Il Cervo della beata Margherita di Savoia, nº2, 2000, año XLVIII, Alba.
2. Los documentos históricos del Convento de Alba son tres. Ellos proporcionan el fundamento de este artículo. El Documento 1 es una nota manuscrita, adicionada a un libro de autoría del P. Jacinto Baresio, de 1640. Ocupa cuatro páginas no numeradas. Está fechada el 7 de octubre de 1640. En ella se encuentra lo esencial de la revelación. El Documento 2 consiste en un añadido al cuaderno, que lleva la inscripción: 1624 - Libro en el cual se anotan las misas, milagros y exvotos que suceden diariamente a la beata Margarita de Saboya en Alba. Está fechado en 1655. Comienza a partir de la página 52, y está escrito con “una caligrafía alta y clara” por una religiosa que firma Sor C.R.M. Describe la misma revelación. El Documento 3 consiste en apuntes de la Hna. Lucía Mantello de 1855. Esta pasó brevemente por el convento y después se hizo religiosa salesiana. Ella no conoció los dos documentos anteriores. Todos ellos fueron “reencontrados casualmente el 19 de agosto del año pasado [1999]” y publicados el 2000.
3. Celícolas: habitantes del Cielo.
4. Documento 1, ver nota 2.
5. Documento 1, id., ibid.
6. Id., ibid.
7. Documento 2, ver nota 2.
8. Canónigo C. Barthas y P. G. da Fonseca  S.J., Fatima, merveille inouïe, Fátima, Ed. Toulouse, 1943, p. 20.
9. P. Luciano Coelho Cristino, Descubrir el pasado, preservar el futuro, Ajefatima, 1999, p. 12.
10. El nombre Fátima es de origen árabe. Así se llamaba la hija de Mahoma, fundador del Islam. El nombre de la ciudad, sin embargo, viene de una mítica princesa musulmana que habitaba el castillo de Ourém —que entonces llevaba su nombre— pero anhelaba ser cristiana. El temible caballero don Gonzalo Hermingues, el Tragamoros, que combatía por el rey Don Alfonso, la raptó después de un hecho de armas. El rey dispuso el matrimonio de ambos si ella se hacía católica. Después de algunos años, Fátima bautizada con el nombre de Oureana (de donde viene Ourém) murió. Don Gonzalo, entonces, se hizo cisterciense en Alcobaça, y habría sido uno de los fundadores del monasterio que dio origen a la Fátima de hoy. Él habría mandado enterrar el cuerpo de su añorada esposa en el lugar, por el que éste recibió el nombre de la princesa.
11. Documento 1, ver nota 2.
12. Hija de Amadeo I de Saboya-Acaya, señor de Piamonte y hermano del príncipe Felipe, la bienaventurada Margarita de Saboya (1390 -1474) se casó con Teodoro II Paleólogo, marqués de Monferrato. Viuda a los 28 años, fundó el monasterio de dominicas de clausura de Santa María Magdalena, en Alba. Siendo venerada como santa, San Pío V aprobó en 1566 su culto en el monasterio y Clemente X lo extendió a toda la Orden Dominicana. Fue beatificada en 1669. En diciembre del 2001, su cuerpo fue exhumado, verificándose estar incorrupto, sin señales de embalsamamiento.
13. Hautecombe: abadía donde se encuentra la cripta de la dinastía de los Saboyas.
14. Documento 1, ver nota 2.
15. Documento 3, id. ibid.
16. Documento 1, id. ibid.
17. Documento 2, id. ibid.
18. En el original, unas veces 1885, otras 1855.
19. Documento 3, id., ibid.
20. Id., ibid.



  




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