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«Tesoros de la Fe» Nº 153 > Tema “Ambientes, Costumbres, Civilizaciones”

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Sed perfectos como vuestro Padre celestial

LA LUMINOSIDAD DIÁFANA confiere a la naturaleza colores matizados y sombras discretas. Algo de la atmósfera primaveral sopla en el aire. Del amarillo vivo a la exuberancia escarlata de las rosas, pasando por diversas tonalidades de verde, la vegetación parece vestida para un día de gala.

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Si ni siquiera Salomón, en toda su gloria, se vistió como los lirios del campo (cf. Mt 6, 29), ¿qué decir del plumaje fascinante del pavo real? Distinguido y noble, mira con categoría a este jardín feérico como un marqués miraría su palacio. Los árboles le sirven de pedestal. Su trono de gloria se extiende por todo el reino vegetal.

Creado por Dios para servir como símbolo vivo de la nobleza, distinción y elegancia, el pavo real puede ser considerado un auténtico “Salomón” entre las aves del cielo.

*     *     *

¿Pero dónde estamos? En el Parque de Bagatelle, en París, la capital civilizada por excelencia. En este escenario paradisíaco, propio para descansar la vista de quien lo contempla, se encuentra la señal inconfundible de la civilización occidental y cristiana, que transformó florestas agrestes en bosques encantados, pantanos en graciosas fuentes. Civilización ésta que supo unir el esplendor de los lirios del campo con el plumaje edénico de los pavos reales, para enseñar a los hombres a ser perfectos como el Padre celestial es perfecto…



  




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Tesoros de la Fe


Nº 210 / Junio de 2019

Notre Dame de París
¡Restauren la catedral tal como era!

Catedral de Notre Dame de París, dedicada a la Bienaventurada Virgen María, s. XII



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Santos Juan y Paulo, Mártires

+362, d.C. Roma. "El primero era el gobernador de palacio, y el segundo, el camarero de la virgen Constancia, hija del emperador Constantino. Ambos obtuvieron la palma del martirio, bajo Juliano el Apóstata, muriendo por la espada" (del Martirologio Romano).



San Vigilio, Obispo y Mártir

+405 Trento. Nacido en Trento, fue educado en Atenas. Electo obispo de su ciudad natal, “empleó todos los medios para extirpar los últimos vestigios de idolatría. Por ese motivo, hombres feroces y bárbaros lo abatieron con una andanada de piedras” (Martirologio Romano).








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