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«Tesoros de la Fe» Nº 162 > Tema “San Agustín de Hipona”

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Oración al Espíritu Santo

Oh divino amor, oh lazo sagrado que unes al Padre y al Hijo, Espíritu Todopoderoso, consolador de los afligidos, penetra en los profundos abismos de mi corazón. Derrama tu refulgente luz sobre estos lugares incultos y tenebrosos, y envía tu dulce rocío a esta tierra desierta para reparar su larga aridez.

Envía los rayos celestiales de tu amor hasta el fondo más misterioso del hombre interior, a fin de que penetrando en él, enciendan el vivísimo fuego que consume todas las debilidades y toda languidez.

Ven, pues, ven, dulce consolador de las almas desoladas, refugio en los peligros y protector en las tribulaciones.

Ven, tú que lavas las almas de sus manchas y curas sus heridas.

Ven, fuerza del débil y apoyo del que cae.

Ven, doctor de los humildes y vencedor de los orgullosos.

Ven, padre de los huérfanos, esperanza del pobre y vida del que comenzaba a languidecer.

Ven, estrella de los navegantes y puerto de los náufragos.

Ven, fuerza de los vivos y última esperanza de los que van a morir.

Ven, oh Espíritu Santo, ven y ten misericordia de mí.

Dispón de tal suerte mi alma y condesciende con mi debilidad con tanta dulzura, que mi pequeñez encuentre gracia delante de tu grandeza infinita; mi impotencia delante de tu fuerza y mis ofensas delante de la multitud de tus misericordias; por Nuestro Señor Jesucristo, mi Salvador, que con el Padre vive y reina en tu unidad por todos los siglos de los siglos. Amén. 

San Agustín de Hipona, Meditaciones, IX, apud Oficios de la Iglesia, p. 216.



  




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