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El Milagro de la Santa Casa de Loreto
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Un joven de Tingo María nos
transmite sus impresiones


A raíz de la visita de la Virgen Peregrina a Tingo María recibimos esta expresiva comunicación de un joven de modesta condición, que habla por sí sola. Su lectura es una muestra del profundo impacto espiritual que el apostolado de esta imagen produce en cada alma.

Primeramente quisiera agradecer a Dios y a la Virgen y a todos los que se esfuerzan para que cada día aumente nuestra fe. Les voy a contar cómo la Virgen no se olvidó de su hijo.

Después de muchos años, llegaron los peregrinos a mi ciudad. Una vecina me dijo: «Martín, ¿por qué no fuiste a recibir a la Virgencita hoy en la tarde?» Le respondí que no sabía nada; pero decidí ir a la capilla y le pregunté al sacristán: «¿Dónde está mi Madre María?» Me contestó que estaba en casa de un hermano, pero sólo hasta las 9 p.m. Le dije: «No importa, sólo quiero verla». Y fui y encontré a mi Madre.

Estaba allí con su coronita y su cinta celeste. Lloré interiormente diciendo: «No es digno que un pecador como yo te mire a los ojos». Al verla lloré porque sentí que la Madre con sus ojitos tristes me decía: «Te perdono hijo», y sentí que la gran roca que cargaba se me esfumó. Luego rezamos, cantamos y ya era hora de que los peregrinos se fueran a preparar su viaje a Pucallpa. Y fui contento a contarle a mi mamá que la Virgen hizo todo para irla a ver.

Hoy me quedé en casa para rezar el rosario y justo llega mi papá. Es chofer y maneja el carro de un amigo. Le dejé todo servido en la mesa; pero el gato se comió su presa. Mi papá lo vio todo y me dijo: «Eso te pasa por descuidado». Yo lloré y le dije a mi Madre María: «¿Por qué tuvo que pasar esto?» Seguí rezando y mi papá se tranquilizó. Él nunca reaccionaría así. ¡Gracias Madre por cambiarlo! Fui a lavar el carro que maneja mi papá y al regresar veo que hay visita. «¿Quiénes serán?»

¡Oh sorpresa, los peregrinos estaban en mi casa! Me traían una revista Tesoros de la Fe y me regalaron otro librito más. Mi alma se llenó de alegría. Es difícil que un amigo me visite, porque vivo en un pueblo joven fuera de la ciudad. No podía creer que los dos peregrinos estarían en mi humilde casita. Me dijeron que cuando vuelvan a Tingo María van a traerme a la Virgen. Les dije que será un honor tenerla aquí.

Espero no haberlos cansado con mi relato y que siga el peregrinaje de la Santa Madre. Bendiciones para todos.