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«Tesoros de la Fe» Nº 108

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La genuflexión ante el Santísimo Sacramento



No sólo la cortesía y la buena educación, sino la amabilidad y el amor nos llevan a estrechar la mano de nuestros conocidos, a abrazar y besar a nuestros familiares. La vida civil y social —y no digamos la militar o deportiva— está llena de signos de veneración. Y, ¿cómo no vamos a venerar también con el cuerpo a Jesús Sacramentado?

La genuflexión —manteniendo el cuerpo erguido, doblando la rodilla derecha hasta que toque el suelo— es el modo corriente de adorar a Jesucristo realmente presente en la Eucaristía. Según las normas actuales de la Iglesia “ante el Santísimo Sacramento, guardado en el Sagrario o expuesto públicamente, manténgase la práctica venerable de la genuflexión en señal de adoración” (Ritual de la Eucaristía, n°84).

Pero, quedarse en el gesto es muy poco. Conviene que este acto sea dotado de un profundo contenido. Para que el corazón se incline ante Dios con profunda reverencia, la genuflexión sea pausada y digna, no una birla grotesca como la de los soldados en la casa de Pilato. Evitemos las prisas, los garabatos o los amagos de genuflexión que más bien parecen una pérdida momentánea del equilibrio. Y un propósito: al poner nuestra rodilla en el suelo, decir —con el corazón— alguna jaculatoria a Nuestro Señor.     



P. Milan Tisma, Emmanuel - Devocionario Eucarístico, Ediciones Cor Salvatoris, Santiago de Chile, 2004, p. 257.



  




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Tesoros de la Fe


Nº 241 / Enero de 2022

¡Confianza, confianza!
Madre del Buen Consejo, ruega por nosotros

La tormenta en el mar de Galilea, Rembrandt, 1633 – Óleo sobre lienzo, robado en 1990 del Museo Isabella Stewart Gardner, Boston.



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Santoral

26 de enero

Santa Paula

+404, d.C. + Palestina. Matrona romana de la más alta aristocracia, ella y su esposo edificaban a Roma por la virtud. Con el fallecimento de éste, fue convencida por Santa Marcela, también viuda, a entregarse totalmente a Dios. Se tornó entonces discípula de San Jerónimo, a quien acompañó al Oriente.

Más información aquí.

Sor María Rosa de Ayala Castro OFMCap

+(1660-1716) Perú. Hermana clarisa capuchina, natural de Madrid. Junto a otras cuatro religiosas, partió de Cádiz para fundar en Lima el Monasterio de Jesús, María y José, del cual fue su primera abadesa “El viaje fue azaroso, ya que corsarios holandeses asaltaron la embarcación en la que viajaban y dejaron a las monjas en Lisboa, donde fueron retenidas antes de ser trasladadas a Sevilla, allí esperaron casi dos años para embarcarse de nuevo”. Una de las monjas murió en Buenos Aires, siendo enterrada en la iglesia de San Francisco. Las demás siguieron por tierra hasta Mendoza, cruzaron los Andes y desde Valparaíso navegaron al Callao. “Luego que en Lima se supo nuestra llegada, no hay ponderación ni palabras que puedan explicar el regocijo tan general que todos tuvieron”, escribe ella misma.








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