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«Tesoros de la Fe» Nº 108

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La genuflexión ante el Santísimo Sacramento



No sólo la cortesía y la buena educación, sino la amabilidad y el amor nos llevan a estrechar la mano de nuestros conocidos, a abrazar y besar a nuestros familiares. La vida civil y social —y no digamos la militar o deportiva— está llena de signos de veneración. Y, ¿cómo no vamos a venerar también con el cuerpo a Jesús Sacramentado?

La genuflexión —manteniendo el cuerpo erguido, doblando la rodilla derecha hasta que toque el suelo— es el modo corriente de adorar a Jesucristo realmente presente en la Eucaristía. Según las normas actuales de la Iglesia “ante el Santísimo Sacramento, guardado en el Sagrario o expuesto públicamente, manténgase la práctica venerable de la genuflexión en señal de adoración” (Ritual de la Eucaristía, n°84).

Pero, quedarse en el gesto es muy poco. Conviene que este acto sea dotado de un profundo contenido. Para que el corazón se incline ante Dios con profunda reverencia, la genuflexión sea pausada y digna, no una birla grotesca como la de los soldados en la casa de Pilato. Evitemos las prisas, los garabatos o los amagos de genuflexión que más bien parecen una pérdida momentánea del equilibrio. Y un propósito: al poner nuestra rodilla en el suelo, decir —con el corazón— alguna jaculatoria a Nuestro Señor.     



P. Milan Tisma, Emmanuel - Devocionario Eucarístico, Ediciones Cor Salvatoris, Santiago de Chile, 2004, p. 257.



  




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Tesoros de la Fe


Nº 248 / Agosto de 2022

La sagrada flor de Lima
La Rosa de la Ciudad de los Reyes

Santa Rosa de Lima con el Niño Jesús, Esteban Murillo, s. XVII – Óleo sobre lienzo (colección privada)



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Santoral

17 de agosto

San Jacinto, Confesor

+1257 Polonia. Nació cerca de Cracovia, siendo recibido en la Orden dominica por el proprio Santo Domingo. Predicó mucho en su tierra y en los países bálticos. Convocó una cruzada contra los prusianos en 1228. San Jacinto es patrono principal de su país.



Santa Clara de Montefalco, virgen

+1308 Italia. Entró a los siete años de edad en el convento de la Santa Cruz, donde era superiora su hermana, y luego demostró tanto fervor cuanto las mejores novicias. De elevadísimo grado de recogimiento, fue agraciada por innumerables apariciones de Nuestro Señor y de la Virgen Santísima. Falleciendo su hermana, fue electa por unanimidad para sustituirla, hasta su muerte ocurrida a los 33 años de edad.








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