El Perú necesita de Fátima Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas; por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará.
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«Tesoros de la Fe» Nº 245

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2. ¿Las consagraciones anteriores atendieron el pedido de la Virgen?

PREGUNTA

Agradezco su reciente aclaración sobre la legitimidad teológica de las consagraciones a la Santísima Virgen. Como ha quedado fundamentado, varios Papas, e incluso Nuestra Señora en Fátima, han utilizado el término “consagración” para referirse a la entrega del mundo al Inmaculado Corazón de María. Pero me queda una duda:

¿De todas estas consagraciones ya realizadas, alguna ha cumplido con los requisitos de la consagración de Rusia solicitada por la Virgen de Fátima a la hermana Lucía?

RESPUESTA

De hecho, el estimado consultante observó una laguna en el texto anterior, que me fue imposible subsanar al finalizar esos comentarios, por falta de espacio. Porque existen diversas opiniones sobre el tema, y para responder a la pregunta hay que remontarse ampliamente a los hechos iniciales, como veremos.

En la aparición del 13 de julio de 1917, la Santísima Virgen dijo a los pastorcitos que Dios iba a “castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. […] Para impedirlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atienden mis pedidos, Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia; los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas; por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz”.

Lucía dos Santos, Francisco y Jacinta Marto: los tres pastorcitos

Doce años después, el 13 de junio de 1929, mientras residía en Tuy, España, la hermana Lucía tuvo una visión en la que la Virgen le dijo: “Ha llegado el momento en que Dios pide que el Santo Padre haga en unión con todos los obispos del mundo, la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón; promete salvarla por este medio”.

Aún en 1929, la vidente hizo llegar el pedido al conocimiento del Papa Pío XI, y al año siguiente escribió a su confesor, el padre José Bernardo Gonçalves SJ, diciéndole que Nuestro Señor la había instado a pedir al Santo Padre la aprobación de la devoción reparadora de los primeros sábados. Y agregó: “Si no me engaño, el Señor promete terminar la persecución en Rusia si el Santo Padre hace, y manda que lo hagan igualmente los obispos del mundo católico, un solemne y público acto de reparación y consagración de Rusia a los Santísimos Corazones de Jesús y María”.

En una comunicación íntima posterior, Nuestro Señor se quejó a la vidente: “No quisieron atender a mi súplica. Como el rey de Francia se arrepentirán y la harán después. Pero será tarde. Rusia habrá extendido ya sus errores por el mundo”. En otra carta a su confesor, del 18 de mayo de 1936, la hermana Lucía declara: “Interiormente he hablado al Señor de este asunto. Y hace poco le preguntaba por qué no convertía a Rusia sin que Su Santidad hiciese esta consagración”. Y esta es la respuesta que la hermana Lucía recibió de Jesús: “Porque quiero que toda mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo del Inmaculado Corazón de María, para después extender su culto y poner, al lado de la devoción a mi Corazón divino, la devoción de este Corazón Inmaculado”.

Consagraciones realizadas de forma incompleta

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la hermana Lucía se dirigió directamente al nuevo Papa, Pío XII: “En varias comunicaciones interiores, Nuestro Señor no ha dejado de insistir en esta petición, prometiendo últimamente que, si Su Santidad se digna consagrar el mundo al Inmaculado Corazón de María con especial mención de Rusia, y ordenar que, en unión con Su Santidad y al mismo tiempo lo hagan también todos los obispos del mundo, abreviará los días de tribulación con que ha determinado castigar a las naciones por sus crímenes con la guerra, el hambre y varias persecuciones a la Santa Iglesia y a Su Santidad”.

En 1942, con ocasión de la clausura del año jubilar de las apariciones de Fátima, el Papa Pío XII consagró la Iglesia y el género humano al Inmaculado Corazón de María, acto que renovó el 8 de diciembre. Pero el texto tan solo hacía una alusión velada a Rusia, sin mencionarla explícitamente. En carta del 4 de mayo de 1943 al padre Gonçalves, la hermana Lucía afirmó haber tenido otra revelación de Nuestro Señor, en la que prometía “el próximo fin de la guerra, en atención al acto que se dignó hacer Su Santidad. Pero como fue incompleto, queda la conversión de Rusia para más adelante”.

Los actuales dirigentes rusos no han renunciado a los errores del comunismo, y su élite política e intelectual mira al pasado soviético con nostalgia.

En julio de 1952, Pío XII consagró los pueblos de Rusia al Purísimo Corazón de María, sin asociar a los obispos del mundo. En noviembre de 1964, Paulo VI “confió el género humano” al Inmaculado Corazón de María. Juan Pablo II hizo dos consagraciones: una en Fátima, el 13 de mayo de 1982; y otra en Roma, el 25 de marzo de 1984, ambas precedidas de una invitación a los obispos para que se unieran a él en esos actos.1

Algunos episcopados se sumaron al acto; sin embargo, en el Brasil, que tiene el tercer episcopado más grande del mundo, tan solo unos pocos obispos lo hicieron. Además, Rusia no fue mencionada en el texto de la consagración, apenas algunos circunloquios aludían a ella de forma indirecta, lo que se evidenció aún más cuando el Papa polaco, abandonando el texto, improvisó la siguiente invocación: “¡Madre de la Iglesia! […] Ilumina especialmente a los pueblos de los que tú esperas nuestra consagración y nuestra entrega”.2

En el 2015, el entonces jefe de los exorcistas de Roma, el padre Gabriele Amorth (1925-2016), declaró lo siguiente respecto a dicha consagración: “Yo estuve allí el 25 de marzo [de 1984] en la Plaza de San Pedro, estuve en primera fila, prácticamente a un paso del Santo Padre. Juan Pablo II quería consagrar a Rusia, pero su entorno no [lo quería], por temor a que los ortodoxos se contrariaran, y casi lo frustraron. Por eso, cuando Su Santidad consagró el mundo de rodillas, añadió una frase que no estaba incluida en la versión distribuida y que, en cambio, decía consagrar ‘especialmente aquellas naciones que Tú misma has pedido que te sean consagradas’. Así que, indirectamente, esto incluía a Rusia. Sin embargo, una consagración específica aún no se ha hecho.3

Esta versión fue confirmada de forma aún más clara en el centenario de la primera aparición en la Cova da Iria. Ese día se celebró una misa solemne en la catedral de Nuestra Señora de Fátima, en Karagandá (Kazajistán), como conclusión de un congreso mariano internacional. En su homilía, el cardenal alemán Paul Josef Cordes, que vivió muchos años en el Vaticano como presidente del Consejo Pontificio Cor Unum, así se refirió al acto realizado por Juan Pablo II en 1984:

[Él] se abstuvo de mencionar explícitamente a Rusia, ya que los diplomáticos del Vaticano le habían pedido con insistencia que no mencionara a dicho país porque, de lo contrario, podrían surgir conflictos políticos. […] Poco después él me invitó a almorzar. En un pequeño círculo habló de cómo sintió en su interior el impulso de mencionar también a Rusia en dicha consagración, pero que luego cedió a sus consejeros. Entonces nos contó con un rostro resplandeciente, que aquello a lo que él había renunciado hacer por sí mismo, sin embargo, se había cumplido. A través de unos amigos se enteró de algo importante y consolador para él, esto es, que algunos obispos ortodoxos rusos habían aprovechado su propia consagración del mundo a la Madre de Dios como una ocasión para consagrar también a Rusia de manera especial a María”.4

Podemos objetar, sin embargo, que el insistente pedido de la Santísima Virgen no fue que los obispos cismáticos rusos consagraran su país al Inmaculado Corazón de María, sino que tal consagración fuera hecha por el Papa en comunión con todos los obispos católicos del mundo.

La interpretación que habría dado la hermana Lucía

Desde 1984 hasta la caída del Muro de Berlín, la hermana Lucía sostuvo que ninguna de las consagraciones hechas hasta entonces había sido “válida” (en el sentido de atender los requisitos expuestos por la Santísima Virgen). En una entrevista concedida en 1985 a la revista Sol de Fátima, ella declaró perentoriamente, sobre las realizadas por Juan Pablo II en Fátima (1982) y en Roma (1984): “No hubo la participación de todos los obispos ni Rusia fue mencionada”.

Consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María, realizada por Juan Pablo II en Roma el 25 de marzo de 1984

Sin embargo, el cardenal Tarcisio Bertone transcribió posteriormente, en su presentación de un opúsculo sobre el mensaje de Fátima, una carta que la vidente habría escrito el 8 de noviembre de 1989, en la que habría dicho: “Sí, [la consagración] está hecha tal como Nuestra Señora la pidió, desde el día 25 de marzo de 1984”. Y en una conversación entre el purpurado y la hermana Lucía, esta habría declarado: “Ya dije que la consagración deseada por Nuestra Señora fue hecha en 1984, y fue aceptada en el cielo”. Según el mismo cardenal Bertone, tal aceptación se habría manifestado a la hermana Lucía en una aparición de la Santísima Virgen, pero tal aparición no figura en el relato detallado del propio purpurado sobre sus conversaciones con la vidente. Por lo tanto, se ciernen serias dudas sobre la realidad de dicha manifestación celestial, y es legítimo conjeturar que, al reevaluar el acto de Juan Pablo II en 1984, la hermana Lucía se haya visto influenciada por la atmósfera de optimismo que se extendió por todo el mundo tras el colapso del imperio soviético.

Hay que señalar que la hermana Lucía no gozaba del carisma de la infalibilidad en la interpretación del altísimo mensaje que recibió. Por lo tanto, correspondía más a los historiadores, teólogos y pastores de la Iglesia analizar la coherencia de estas declaraciones suyas, recogidas por el cardenal Bertone, con las anteriores.5 Sin embargo, hay algo que podemos constatar: los frutos de la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, anunciada por la Santísima Virgen, están lejos de haberse materializado: no hay paz en el mundo. Al contrario, las tensiones internacionales —sobre todo entre China y EE.UU.— han aumentado hasta el punto de que el Papa Francisco ha afirmado en varias ocasiones que estamos viviendo una verdadera “tercera guerra mundial, solo que por pedazos”.6

El comunismo sigue esparciendo sus errores por todo el mundo

Rusia está lejos de haberse convertido. Es un país que autoriza los vientres de alquiler; tiene la mayor tasa de abortos registrada en el mundo (el 60% de los embarazos acaban en aborto, el 20% de los cuales son realizados por menores de 18 años); una de las mayores tasas de divorcio por habitante del mundo (4,2/1000); la mayor proporción de divorcios respecto a los matrimonios (61%); el mayor porcentaje de alcoholismo del mundo (dos millones de alcohólicos); el alcoholismo que representa la mitad de las muertes entre los 15 y los 54 años, que es la esperanza de vida media de los hombres.

Como si esto no fuera suficiente, sus actuales dirigentes no han renunciado a los errores del comunismo, y su élite política e intelectual mira con nostalgia el pasado soviético. Vladimir Putin llegó a declarar que la extinción de la Unión Soviética fue el mayor desastre geopolítico del siglo XX.

Es comprensible, por lo tanto, que en el 2016, ya en vista del centenario de las apariciones de Fátima, monseñor Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astana (Kazajistán), haya declarado en una entrevista al sitio web Rorate Caeli: “Tenemos que rezar para que el Papa consagre pronto explícitamente a Rusia al Inmaculado Corazón de María”.7

En el propio año del centenario (2017), en un coloquio sobre el mensaje de Fátima pronunciada con motivo del Rome Life Forum, el cardenal Raymond Leo Burke instó a los participantes a consagrarse al Inmaculado Corazón de María y a “trabajar por la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. […] Hoy, una vez más, escuchamos el llamado de Nuestra Señora de Fátima para consagrar a Rusia a su Inmaculado Corazón, de acuerdo con sus explícitas instrucciones”.8

¡Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará!

Al ser preguntado por el periódico “The Wanderer” sobre si este pedido equivalía a algo más que el simple hecho de que el Papa mencionara explícitamente a Rusia, el cardenal estadounidense respondió categóricamente que creía que el Papa Juan Pablo II deseaba atender el pedido de la Santísima Virgen, pues era consciente de la gravedad de la situación y de la necesidad de consagrar a Rusia al Inmaculado Corazón de María. Pero en aquel momento se argumentaba que, para promover una relación más amistosa con los países del bloque oriental, el nombre de Rusia no debía ser mencionado en particular:

“Creo que la intención del Santo Padre era consagrar a Rusia. Sin embargo, también creo que, dada la situación en la que nos encontramos hoy, la consagración de Rusia debe hacerse explícitamente, exactamente como lo pidió Nuestra Señora (sin negar en absoluto la intención de Juan Pablo II de incluir a Rusia cuando consagró el mundo a su Inmaculado Corazón). Mi intención no es lanzar acusaciones contra nadie, sino insistir en la necesidad de llevar a cabo lo que la Virgen pidió exactamente como lo pidió, en respuesta al momento actual tan grave”.9

La consagración de Rusia es más necesaria que nunca

En la edición virtual del reciente Rome Life Forum, el cardenal Burke pronunció una conferencia titulada “Fátima: la respuesta del Cielo a un mundo en crisis”. Y aprovechó la ocasión para cuestionar el papel del Partido Comunista Chino en la génesis de la pandemia del Covid-19, su influencia sobre la Organización Mundial de la Salud y su dominación imperialista sobre otras naciones:

“La consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María es hoy más necesaria que nunca. Cuando somos testigos de cómo el mal del materialismo ateo, cuyas raíces están en Rusia, dirige de forma radical el gobierno de la República Popular China, reconocemos que el gran mal del comunismo debe ser curado en sus raíces mediante la consagración de Rusia como Nuestra Señora lo ha ordenado. […] Reconociendo la necesidad de una conversión total del materialismo ateo y del comunismo a Cristo, el llamado de Nuestra Señora de Fátima para consagrar a Rusia a su Inmaculado Corazón, de acuerdo con sus explícitas instrucciones, continúa siendo urgente”.10

Haciéndose eco de este llamado a la conversión, Mons. Athanasius Schneider compuso y difundió en las redes sociales en junio de 2020 una oración que recomiendo a todos rezar con frecuencia:

“Oh Inmaculado Corazón de María, Tú eres la santa Madre de Dios y nuestra tierna Madre. Mira la aflicción en que se encuentran la Iglesia y la humanidad por la difusión del materialismo y por la persecución que sufre la fe católica. En Fátima advertiste de estos errores cuando hablaste de los errores de Rusia. Tú que eres la Medianera de todas las gracias, implora a tu Divino Hijo para que le conceda esta gracia especial al Papa: que consagre a Rusia a tu Inmaculado Corazón, a fin de que Rusia se convierta, sea concedido al mundo un período de paz, y tu Inmaculado Corazón triunfe mediante una auténtica renovación de la Iglesia, por el esplendor de la pureza de la fe católica, por la sacralidad del culto divino y por la santidad de la vida cristiana. Oh Reina del Santo Rosario y dulce Madre nuestra, vuelve sobre nosotros tus ojos misericordiosos y escucha con benevolencia esta nuestra confiada oración. Así sea”.11 

 

* Notas disponibles en nuestra página web: www.tesorosdelafe.com



  




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