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«Tesoros de la Fe» Nº 186

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San Juan de Letrán y San Pedro del Vaticano

Dos basílicas romanas; dos facetas diferentes de la Iglesia Católica

Plinio Corrêa de Oliveira

Basílica de San Pedro

Quien visita Roma nota una diferencia que llama la atención, entre la Basílica de San Juan de Letrán y la Basílica de San Pedro del Vaticano.

La Basílica de San Pedro es gloriosa, magnífica, ostenta todo el esplendor del Renacimiento. Sin embargo, después que se la examina bien, deja en el fondo de la cabeza una impresión semejante a la de una fiesta de bodas.

La Basílica de San Juan de Letrán es más discreta. Pero tiene un tono de “gran señora”, de una nobleza, grandeza y paz. Ella refleja la conciencia de su propia dignidad, predicado que no posee la Basílica de San Pedro. Esta parece ansiosa por exhibirse para obtener la adhesión de aquellos que la contemplan.

Mientras que en la Basílica de Letrán, eso está ausente. Esta es consciente de sí misma, como diciéndonos: “Soy naturalmente así. No me engalano, soy lo que soy. Pero en aquello que soy, soy digna de respeto y veneración”. Es otra impresión, distinta de la que se manifiesta con relación a la Basílica de San Pedro.

Estas impresiones son interesantes, porque expresan dos facetas diferentes de la vida de la Iglesia. La Basílica de Letrán puede ser admirada en toda su nobleza: representa la faceta en que estamos en presencia de una especie de naturalidad, dignidad y compostura. Por su lado, la Basílica de San Pedro refleja el hálito del Renacimiento, representando otro espíritu y modo de presentarse.

Basílica de San Juan de Letrán



  




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Tesoros de la Fe


Nº 241 / Enero de 2022

¡Confianza, confianza!
Madre del Buen Consejo, ruega por nosotros

La tormenta en el mar de Galilea, Rembrandt, 1633 – Óleo sobre lienzo, robado en 1990 del Museo Isabella Stewart Gardner, Boston.



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Santoral

26 de enero

Santa Paula

+404, d.C. + Palestina. Matrona romana de la más alta aristocracia, ella y su esposo edificaban a Roma por la virtud. Con el fallecimento de éste, fue convencida por Santa Marcela, también viuda, a entregarse totalmente a Dios. Se tornó entonces discípula de San Jerónimo, a quien acompañó al Oriente.

Más información aquí.

Sor María Rosa de Ayala Castro OFMCap

+(1660-1716) Perú. Hermana clarisa capuchina, natural de Madrid. Junto a otras cuatro religiosas, partió de Cádiz para fundar en Lima el Monasterio de Jesús, María y José, del cual fue su primera abadesa “El viaje fue azaroso, ya que corsarios holandeses asaltaron la embarcación en la que viajaban y dejaron a las monjas en Lisboa, donde fueron retenidas antes de ser trasladadas a Sevilla, allí esperaron casi dos años para embarcarse de nuevo”. Una de las monjas murió en Buenos Aires, siendo enterrada en la iglesia de San Francisco. Las demás siguieron por tierra hasta Mendoza, cruzaron los Andes y desde Valparaíso navegaron al Callao. “Luego que en Lima se supo nuestra llegada, no hay ponderación ni palabras que puedan explicar el regocijo tan general que todos tuvieron”, escribe ella misma.








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