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«Tesoros de la Fe» Nº 177 > Tema “Ambientes, Costumbres, Civilizaciones”

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El tulipán

Simboliza entre las flores una obra maestra de coherencia

PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA

El Tulipán es tan bonito que me pregunto si hay una flor más bella.

Florece de varios colores; existe inclusive el tulipán negro. En el color rojo bordó no aparenta nada de indefinido, como por ejemplo en la orquídea, cuyos colores varían mucho.

Mientras que la orquídea es una planta parásita, el tulipán evoca ideas de autosuficiencia. Es altanero, su punta parece un cáliz y su tallo, una lanza. Además de la belleza del colorido, tiene la belleza de la armonía. Hay una proporción entre altura y diámetro que hace del tulipán una obra maestra de coherencia entre sus partes.

Con relación a la rosa, ¿el tulipán sería una flor de segunda clase? —Bello como la rosa, no es; pero tampoco es de segunda clase. Es una flor linda, que constituiría por sí misma una maravilla del orden floral del universo de las cosas creadas por Dios. El tulipán está junto a la rosa, pero no se les debe comparar, porque tiene una forma de belleza en la cual es suprema. Es menos bello que la rosa, pero debemos considerar la graduación de las cosas y amar lo bello específico en sus debidos grados.

La orquídea evoca una enseñanza de modestia; ella se encuentra en una posición alta en la jerarquía de los valores, pero no es la primera. Prueba de que la jerarquía tiene razón de ser: no es un achatamiento del otro, sino un respeto recíproco. En ese sentido, se podría decir que la orquídea es una flor representativa del anti-igualitarismo.

Si la rosa es una flor que refleja el anti-igualitarismo para mostrar la belleza del grado supremo, la orquídea es una flor simbólica del anti-igualitarismo para mostrar lo bello de los grados intermedios, a los cuales el espíritu moderno tiene dificultad de comprenderlos debidamente.

 

* * *

 

Cuando supe que existían tulipanes negros, me pregunté cuál era la razón de su existencia. ¿Sería para cruces en los velorios? En cierta ocasión, pasando en automóvil por una calle de París, vi colocado en una vitrina un jarrón con tulipanes de varios colores, entre ellas, un tulipán negro. Entonces comprendí por qué Dios creó tulipanes negros. Fue para realzar la belleza de todos los otros.

De aquella “noche oscura” salía un tal contraste de los otros colores con el negro, que componía una de las notas más bonitas del jarrón. Componía una forma de fantasía racional —al estilo de las cosas francesas— como si fuese un teorema sobre los colores. Pero el automóvil pasó rápido, con la rapidez de los viejos taxis de Francia, es decir, en una rapidez lenta. Me regalé a los ojos con lo que veía en la vitrina y comprendí la razón de ser de una maravilla más de la creación divina.



  




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Tesoros de la Fe


Nº 248 / Agosto de 2022

La sagrada flor de Lima
La Rosa de la Ciudad de los Reyes

Santa Rosa de Lima con el Niño Jesús, Esteban Murillo, s. XVII – Óleo sobre lienzo (colección privada)



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