El Perú necesita de Fátima La verdadera penitencia que Nuestro Señor ahora quiere y exige, consiste, sobre todo, en el sacrificio que cada uno tiene que imponerse para cumplir con sus propios deberes.
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Primera Parte del Secreto
La Visión del Infierno

Pintura de Fra Angélico representando el infierno

Al decir estas palabras –continúa la narración de la Hna. Lucía sobre la Tercera Aparición de la Santísima Virgen– de nuevo abrió las manos como en los meses anteriores. El reflejo [de luz que ellas irradiaban] pareció penetrar la tierra y vimos como un mar de fuego y, sumergidos en ese fuego, a los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que flotaban en el incendio llevados por las llamas que de ellas mismas salían juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos los lados –semejante al caer de las chispas en los grandes incendios– sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa.

La visión duró apenas un instante, durante el cual Lucía soltó un “¡ay!”. Ella comenta que, si no fuese por la promesa de Nuestra Señora de llevarlos al cielo, los videntes habrían muerto de susto y pavor.

Foto de los niños después de la visión del infierno

Foto sacada por el Ing. Mario Godinho, después de la
visión del infierno. El terror se refleja aún en sus rostros.

(Texto tomado del libro Fátima: ¿Mensaje de Tragedia o de Esperanza?, p. 43)

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