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«Tesoros de la Fe» Nº 20 > Tema “Las mil devociones a la Santísima Virgen en el Perú”

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La Virgen de los Desamparados


Nuestra Señora de los Desamparados


«Bienaventurada los Arcángeles te aclaman, exquisita miel eres en la boca de los que te aman, purísimo santuario del Dios divino, lirio fino del que te llama; María del alma» (Elsa J. Izquierdo de Vela)


Esta advocación mariana tiene su origen en la España del siglo XVI, cuando diez piadosos valencianos, llevados por el deseo de recoger y amparar a los niños abandonados, fundaron la hermandad o cofradía de los Niños Inocentes, también llamada de la Madre de los Desamparados.

Acudieron para ese fin al religioso mercedario Juan Gilberto Jofré, quien se encargó de obtener una imagen de María Santísima para el albergue. Su labor fue surcada de hechos prodigiosos, como la intervención de ángeles en el labrado de la imagen y la curación milagrosa de una anciana ciega y tullida. Estos hechos se divulgaron rápidamente y suscitaron un movimiento de fervor tan intenso, que llegó a ser declarada Patrona de Valencia.

Pronto esta devoción se extendería hasta nuestras tierras. En 1629 un valenciano afincado en Lima, Bartolomé Calafe, obtuvo la cesión de un terreno ubicado entre las Casas Reales y el flamante puente de Piedra, para levantar a sus expensas una capilla en honor a Nuestra Señora de los Desamparados. Años más tarde la familia hizo donación de la misma a la Compañía de Jesús, que la entregó a manos de venerable padre Francisco del Castillo, quien por entonces daba inicio a un ejemplar apostolado en la feria rimense del Baratillo.

El celoso jesuita encomendó al escultor Tomás de la Parra la hechura de una imagen que sustituyera al lienzo que había en la capilla, tomando como modelo una de la Virgen del Pilar que pertenecía a la hija de este último, doña Úrsula Calafe, con las características de la nueva advocación. La imagen que resultó, nos presenta a Nuestra Señora con gran hermosura, sosteniendo en la mano izquierda al Niño Jesús y en la diestra como cetro una azucena de plata. Fue solemnemente entronizada a fines de 1660.

No queda un solo vestigio que recuerde el lugar en donde casi 300 años se rindió culto a la Virgen de los Desamparados, salvo la estación del ferrocarril

Un hermoso y venerable monumento limeño

En 1669 con el favor del Virrey Conde de Lemos, el padre Castillo inició la construcción de una nueva morada para la Virgen. Mientras duraron las obras la imagen permaneció en el oratorio del Palacio de Gobierno, al cuidado de la Virreyna doña Ana de Borja que, como buena valenciana, le daba culto. El 30 de enero de 1672 fue consagrado el templo, cuando en Lima había apenas una veintena de iglesias dedicadas a María, “y aún no había concluido la ceremonia cuando llegó un postillón trayendo la noticia de haber arribado al Callao un navío de España, portador de las bulas de canonización de Santa Rosa de Lima y San Francisco de Borja, éste último ilustre ascendiente de la Condesa y abuelo del Virrey”. 1

El traslado de la imagen tuvo lugar el 2 de febrero, fiesta de la Candelaria: “Allí hubo derroche de celebraciones: arcos triunfales, fuegos artificiales, altares, carros, colgaduras, músicas y mil adornos más. La procesión se vio acompañada por la nobleza, las autoridades, gremios y numeroso gentío. La imagen fue llevada hasta su sitial en andas de plata”. 2

“Los favores dispensados por Nuestra Señora de los Desamparados tuvieron su principio este mismo día, pues un platero, por nombre Diego Asencio, que había perdido la vista, imploró su protección y desde entonces comenzó a mejorar de tal manera, que a poco estuvo sano del todo y en retorno, labró a la imagen un cetro de oro y brillantes”. 3

La Virgen de los Desamparados en su actual templo en Breña

Cuna de una memorable devoción

En este templo el siervo de Dios Francisco del Castillo introdujo la práctica de Viernes Santo conocida como El Sermón de las Tres Horas, que con los años se extendería a muchas otras naciones. 4 Con la expulsión de los jesuitas en 1767 el culto quedó abandonado por el lapso de diez años, cuando los padres del Oratorio de San Felipe Neri tomaron su administración. En 1817 la iglesia cerró sus puertas y sirvió hasta de cuartel. En 1897 fue reinaugurado como lugar de culto y trasladada la imagen de la casa de Doña Emilia González de Dubois en donde se la había cobijado. Fatalmente, el templo fue demolido en 1937 –como bien lo señala el padre Vargas Ugarte– “sacrificando tan hermoso y venerable monumento al inconsulto propósito de darle un mediocre jardín al Palacio de Gobierno”. 5

De su recuerdo sólo nos queda en aquel lugar la estación de Desamparados, erigida contigua a la iglesia, y que debido a la saña modernizadora nadie sabe hasta cuando perdurará. Para “compensar” la pérdida, se erigió en el distrito de Breña (cdra. 12 de la Av. Venezuela) un nuevo templo en honor a Nuestra Señora de los Desamparados. Allí se trasladó a la venerable imagen del siglo XVII y es en donde con los altibajos de la devoción, hasta el día de hoy se la conserva.

Este artículo quedaría incompleto sin una mención especial a una Congregación Religiosa más reciente y de alguna manera vinculada a esta devoción. Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, emprenden desde 1898 —año en que llegaron al Perú— un noble y sacrificado apostolado en una decena de casas repartidas por todo el país.

Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, en una visita con la Virgen Peregrina de Fátima al Asilo de Cusco

Caridad que ejercen en favor de aquellos “viejitos” a quienes el tiempo y la modernidad han desplazado, pero que gracias a la Virgen de los Desamparados, encuentran en estas abnegadas religiosas el amparo de sus últimos días, que el mundo y a veces sus propios parientes les han negado.

*     *     *

El Perú y el mundo sufren hoy un desamparo espiritual terrible, y cada vez mayor. Pidamos a la Santísima Virgen que nos haga sentir siempre, a nosotros y a nuestras familias, su poderoso amparo; y que derrame sobre nuestra Patria renovadas y abundantes gracias de bienestar y regeneración moral.     


Notas.-

1. P. Rubén Vargas Ugarte  S.J., Historia del Culto de María en Iberoamérica y de sus imágenes y santuarios más celebrados, 3a edición, Madrid, 1956, t. II, p. 196.
2. P. Armando Nieto Vélez  S.J., Francisco del Castillo – El Apóstol de Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 1992, p. 172.
3. P. Vargas Ugarte, op. cit. p. 193.
4. Cf. Pedro García y Sanz, Vida del Venerable y Apostólico Padre Francisco del Castillo, Tipografía de Juan Cesaretti, Roma, 1863.
5. P. Vargas Ugarte, op. cit. p. 205



  




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