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«Tesoros de la Fe» Nº 77 > Tema “Fiestas y advocaciones universales de la Santísima Virgen”

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La Virgen del Rosario

Terror de los demonios y alegría de los ángeles

Por imposición de Dios, en algunas ocasiones el propio demonio fue obligado a confesar —muy a su pesar... — que Nuestra Señora es su mayor enemiga, pues Ella consigue salvar almas que él ya tenía en sus garras, prácticamente condenadas al infierno.


La Santísima Virgen es llamada Terror de los demonios, por ser Aquella que aplasta la cabeza de la serpiente infernal, como consta en la Sagrada Escritura (Gén. 3, 15) y es representada en muchas de sus imágenes, por ejemplo en la Medalla Milagrosa.

En su famosísimo Tratado de la Verdadera Devoción, San Luis María Grignion de Montfort escribe: “El enemigo más terrible que Dios ha suscitado contra Satanás es María, su Santísima Madre”.1

Y en otra de sus obras, el mismo profeta y apóstol de la devoción mariana señala: “¡Empuña el arma de Dios que es el santo rosario! Con ella destrozarás la cabeza del demonio y podrás resistir todas las tentaciones. De aquí proviene que aun el rosario material sea tan terrible al diablo y que los santos se hayan servido de él para encadenarlo y arrojarlo del cuerpo de los posesos, como atestiguan tantas historias”.2

Por donde se ve que es algo excelente llevar siempre consigo el rosario en un bolsillo, durante el día, y por la noche alrededor del cuello o debajo de la almohada.

Arma por excelencia en la victoria sobre el mal

Dios coloca un arma secreta en las manos de sus fieles soldados, en la lucha contra Satanás y sus secuaces que buscan perder las almas. Esta poderosísima arma está a disposición de todos los católicos devotos del rosario de la Santísima Virgen. Con ella recibiremos protección en los asaltos del demonio y estaremos en condiciones de enfrentar todas las dificultades de esta vida.

Quien nos garantiza esto es el propio San Luis Grignion de Montfort:

“Aunque estuvierais ya al borde del abismo, aunque estuvierais ya con un pie en el infierno, aunque hubierais vendido vuestra alma al demonio como un mago, aunque fuerais herejes tan endurecidos y obstinados como demonios, os convertiréis tarde o temprano y os salvaréis, siempre que —lo repito, y notad bien las palabras y términos de mi consejo— recéis devotamente, todos los días hasta la muerte, el santo rosario con el fin de conocer la verdad y alcanzar la contrición y el perdón de vuestros pecados”.3

Ejemplo del viejo soldado

Un sacerdote jesuita, el P. Hermano Spruit, después de atender en confesión a un viejo soldado, enfermo incurable, le aconsejó rezar el rosario.

¿Rosario? ¿Qué es un rosario?, inquirió el viejo militar.

El confesor caritativamente le explicó de qué se trataba. El soldado quedó fascinado con el rosario. Luego, con la voz debilitada por la enfermedad, le dijo al sacerdote que, si hubiera conocido esta devoción siendo niño, no habría dejado pasar un solo día de su larga existencia sin rezar el rosario completo. Y le prometió que, de ahí en adelante, rezaría cuantos rosarios le fuese posible mientras durase su vida. Más aún. Le pidió a la Santísima Virgen la salud suficiente para que, en el espacio de dos años, pudiese rezar una cantidad de rosarios equivalente a los que sumaría si desde niño hubiera rezado diariamente el rosario completo.

Calculó entonces cuántos días correspondían a su edad de 60 años. El resultado: 21.900 días. Después calculó cuántos rosarios debería rezar cada día para alcanzar ese número en dos años. Resultado: ¡30 rosarios diarios!

A pesar de su enfermedad, pero gracias a su índole militar, no se acobardó con el alto número. Y comenzó a rezar hasta cumplir, después de dos años, ¡con los 21.900 rosarios!

Concluida la cuenta, concluyó también el tiempo de su existencia terrena, yendo a recibir el premio de la gloria eterna en el Cielo, junto a la Señora del Rosario y su Divino Hijo, dejando conmovidos a quienes le conocieron por su ejemplo.

Ejemplo también para todos nosotros, que desde ahora podemos no dejar que pase un solo día sin recitar el rosario, o al menos una parte de él.

¿Qué tal si hacemos también nosotros nuestras cuentas? Mejor hagámoslas desde ahora, antes que prestemos nuestras cuentas a Dios... ¿Cuánto tiempo perdimos dejando de rezar el rosario? A partir de hoy, hagamos el propósito de rezar al menos un conjunto de misterios del rosario todos los días. ¿Qué son quince minutos? ¿No gastamos mucho más tiempo en nosotros mismos? Empleemos esos minutos para Dios Nuestro Señor y su Santísima Madre, y seremos, sin duda alguna, abundantemente recompensados.

“Quien reza se salva, quien no reza se condena”

¿Qué oración será la más eficaz a fin de alcanzar toda clase de gracias para nosotros, tan necesitados? ¿Y para la humanidad, tan depravada? Los Papas, los santos y la Iglesia en general incentivan de todos los modos esta devoción, que la propia Medianera de todas las gracias nos enseñó.

Rezar el santo rosario es ser atendido con seguridad, pues el Divino Hijo de María Santísima siempre oye los ruegos de su Madre. Buenísima Madre Nuestra, que es también la Madre del Juez que nos juzgará en nuestro último día. Siendo así, nada mejor que tener como abogada a Aquella que nos obtendrá toda clase de gracias para que lleguemos delante del supremo Juez.

Por lo tanto, está en nuestras manos el arma para la salvación, tanto para nosotros como para el caótico y desmoralizado mundo de hoy.     


Notas.-

1. Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, in San Luis María Grignion de Montfort – Obras, B. A. C., Madrid, 1984, p. 294.
2. El secreto admirable del Santísimo Rosario, in San Luis María Grignion de Montfort – Obras, B. A. C., Madrid, 1984, p. 442.
3. Op. cit., p. 399.

Un gran apóstol del Rosario

A pesar de sus innumerables ocupaciones, Plinio Corrêa de Oliveira, fue devotísimo del santo rosario, y reservaba un buen período del día —generalmente en las tardes— para rezar calmamente su rosario diario, contemplando los quince misterios.
Transcribimos aquí algunos comentarios suyos al respecto:
“En Fátima, la Santísima Virgen recomendó dos devociones, de modo muy particular: A ellas nos hemos de apegar con el mayor fervor: una, es la del Corazón Inmaculado de María; otra es la del Santo Rosario.
“[Si un país] quisiera ser una gran nación de cruzados y misioneros, será por medio de una ardiente piedad mariana que conseguirá tal gracia. Y si quisiera esa gracia, ha de implorarla por los medios que la misma Virgen señaló” 1.
“[Si una persona] quisiera saber cómo será juzgada su vida en el Tribunal Eterno, no indague tanto por los caminos que discurrió o las gotas de sudor que de su frente gotearon. Indague, eso sí, por las horas pasadas empuñando el rosario a los pies del Tabernáculo” 2.


1. “Legionario”, 7-10-1945 / 2. “Legionario”, 8-07-1934.


































  




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