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«Tesoros de la Fe» Nº 74 > Tema “Las más célebres apariciones de la Madre de Dios”

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En Lourdes, Nuestra Señora coliga a sus hijos para la victoria final

Necesidad de conocer mejor a Lourdes

François Soubirous y sus dos hijos, en el molino paterno

En esto consiste el significado más profundo de los acontecimientos de Lourdes. No obstante, ¿cuántos de sus devotos saben narrar lo que sucedió en aquella lejana fecha de 1858? ¿Cuántos conocen bien lo que Nuestra Señora hizo, habló y pidió a Santa Bernadette; y, a través de ella, a usted lectora, a usted lector?

En este 150º aniversario de esta magna irrupción de la Santísima Virgen en la Historia, nada mejor que recordemos todo lo que pasó en cada una de las dieciocho apariciones que componen el ciclo de Lourdes.

1ª aparición – jueves, 11 de febrero

Santa Bernadette Soubirous redactó de puño y letra, en siete ocasiones, la descripción de la aparición. En cada una de las versiones hay detalles nuevos. He aquí un resumen tan completo cuanto sea posible de todos ellos: 3

“La primera vez que fui a la gruta —escribe Santa Bernadette— era jueves, 11 de febrero. Fui para recoger ramas secas con otras dos jóvenes. Cuando estábamos en el molino, yo les pregunté si querían ver dónde el agua del canal se encontraba con el [río] Gave. Ellas me respondieron que sí. De allá, seguimos el canal y nos encontramos frente a una gruta, no pudiendo proseguir más.

“Mis dos compañeras se colocaron en condiciones de atravesar el agua que estaba delante de la gruta. Tan pronto lo atravesaron, comenzaron a llorar. Les pregunté por qué lloraban. Me dijeron que el agua estaba helada. Les pedí para que me ayudasen a tirar piedras al agua para ver si podía pasar sin quitarme los zapatos. Me dijeron que debía hacer como ellas, si quería. Me fui un poco más lejos para ver si podía pasar sin descalzarme. Imposible”.

Santa Bernadette sufría de asma y su madre no quería que se resfriase. Ella recogía ramas secas para calentar la mísera habitación donde su familia arruinada se vio forzada a vivir.

Louise Soubirous, madre de Bernadette

“Entonces —continúa Santa Bernadette— volví delante de la gruta y me dispuse a quitarme los zapatos. Apenas me había sacado la primera media oí un ruido como el producido por una ráfaga de viento. Entonces volví la cabeza hacia el lado del prado en sentido contrario a la gruta. Vi que los árboles no se movían. Entonces seguí quitándome los zapatos.

“Oí una vez más el mismo ruido. En cuanto levanté la cabeza, mirando la gruta, vi una Dama vestida de blanco. Tenía un vestido blanco, un velo blanco, una cinta azul y una rosa en cada pie, del color de la cuerda de su rosario.

“Pensaba ser víctima de una ilusión. Me restregué los ojos. Sin embargo miré de nuevo y vi siempre a la misma Dama. Puse la mano en el bolsillo para coger mi rosario. Quería hacer la señal de la cruz. Pero, en vano, no pude llevar la mano hasta la frente. La mano se caía. Entonces, el miedo tomó cuenta de mí. Era más fuerte que yo. Mi mano temblaba. Pero, no huí. La Dama cogió el rosario que sostenía entre sus manos e hizo la señal de la cruz. Mi mano temblaba, sin embargo, intenté hacerlo una segunda vez y lo conseguí. No bien hice la señal de la cruz, el gran miedo que sentía desapareció y quedé tranquila.

“Me puse de rodillas. Recé el rosario teniendo siempre ante mis ojos a aquella bella Dama. La visión hacía correr las cuentas del rosario, pero no movía los labios. Cuando terminé mi rosario, con el dedo hizo una señal para que me aproximara, pero no me aventuré. Me quedé siempre en el mismo lugar. Entonces desapareció súbitamente.

La gruta en la época de las apariciones

“Comencé a sacarme la otra media para atravesar aquel poco de agua que se encontraba delante de la gruta para alcanzar a mis compañeras y regresáramos. En el camino de vuelta, pregunté a mis compañeras si no habían visto algo.

“—No, —me respondieron.

“Les pregunté una vez más. Me dijeron que no habían visto nada. Yo les rogué que no le digan nada a nadie. Entonces, ellas me interrogaron:

“—¿Y tú viste algo?

“Entonces yo les dije que no.

“—Si tú no viste nada, yo tampoco.

“Pensaba que me había equivocado. Pero retornando a casa, en el camino me preguntaban qué había visto. Volvían siempre sobre aquel asunto. Yo no quería decírselos, pero insistieron tanto que decidí hacerlo: pero con la condición de que no se lo contaran a nadie. Me prometieron que mantendrían el secreto.

“Pero no bien llegaron a sus casas, la primera cosa que contaron fue que yo había visto a una Dama vestida de blanco. Así fue la primera vez”.

2ª aparición – domingo, 14 de febrero

Cuenta Santa Bernadette: “la segunda vez fue al domingo siguiente. Volví con varias amigas para ver si no me había equivocado. Me sentía muy apremiada interiormente. Mi madre me había prohibido volver. Después de la misa cantada, las otras dos jóvenes y yo fuimos una vez más a pedirle permiso a mi madre. Ella no quería darlo. Me decía que temía que me cayese al agua. Temía que no volviera para asistir a las vísperas. Prometí que sí lo haría. Entonces me dio el permiso para ir.

“Fui a la parroquia para coger una botellita de agua bendita para rociarla sobre la visión, una vez en la gruta, si la viese. Y salimos hacia la gruta. Al llegar allá, cada una cogió su rosario y nos arrodillamos para rezarlo. Apenas había acabado de rezar la primera decena cuando vi a la misma Dama”. Solamente Santa Bernadette veía y oía a la Santísima Virgen.

“Entonces comencé a echar agua bendita sobre ella diciendo que, si venía de parte de Dios, que permaneciera, si no, que se fuera; y me apresuraba siempre a echarle agua.

“Ella comenzó a sonreír, a inclinar-se. Cuanto más agua yo le echaba, más sonreía y giraba la cabeza y más la veía hacer aquellos gestos. Yo, entonces, tomada de temor, me apresuraba a rociarla más y así lo hice hasta que la botella quedó vacía. Cuando terminé de rezar mi rosario, desapareció. Ella no me dijo nada. Nosotras nos retiramos para asistir a las vísperas. Así fue la segunda vez”.



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