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«Tesoros de la Fe» Nº 37 > Tema “Reflexiones de Plinio Corrêa de Oliveira”

Plinio Corrêa de Oliveira  [+]  Versión Imprimible
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Madre de la Divina Gracia



Al comenzar un nuevo año, es natural que nos volvamos hacia la Virgen Madre para impetrar su protección, tal como lo hiciera hace dos mil años el mismo Niño Dios en la gruta de Belén. Mas, en la actual época de incertidumbres y crisis en que vivimos, de raíz principalmente religiosa y moral, ¿qué diría la Santísima Virgen a quien se arrodillase delante de una imagen suya, como por ejemplo, la de la Medalla Milagrosa?

Plinio Correa de Oliveira imaginó admirablemente para nosotros esta escena y puso en los labios de la Inmaculada estas tiernas palabras:

En mí verás:
El reflejo sin mancha de la Bondad increada y absoluta,
Todo cuanto quiero dar porque soy buena,
Todo cuanto deseo conceder porque soy Madre,
Todo cuanto puedo dar porque soy Reina.

Todo ello, hijo mío, lo voy irradiando sobre los hombres.
Esta imagen mía, no te dice una sola palabra. Sin embargo, hago algo mucho mejor que hablar a tus oídos: te comunico una gracia que te habla en el fondo del alma.
¿Notas en ti esa paz que transborda de mi Corazón Inmaculado, que te envuelve, que te penetra por completo?
Esa paz que ninguna alegría terrena puede traer, y que te hace sentir una tranquilidad interior en la cual resuena mi voz inaudible.
En lo que concierne a tus justos anhelos, ¡todo está resuelto! Y aquello que no lo estuviere, se resolverá oportunamente, según los designios amorosos de Dios. Confía en mí, que todo lo resolveré.

Acepta esta sonrisa,
Ponle atención a la voz de la gracia.
Imprégnate de esta bondad,
Y no dudes jamás.
     





  




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Tesoros de la Fe


Nº 217 / Enero de 2020

Epifanía del Señor
Encuentro de los Reyes Magos camino a Belén

El encuentro de los Tres Magos, Maestro del retablo de San Bartolomé, c. 1480 – Óleo y pan de oro sobre tabla, Getty Museum, Los Ángeles



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Santoral

18 de febrero

Miércoles de Ceniza - San Flaviano, Patriarca

+449, d.C. + Turquía. Patriarca de Constantinopla (446-449), participó del concilio convocado por el emperador Teodosio II y realizado en una iglesia de Éfeso (Turquía) el 8 de agosto de 449. Cuando se deliberaba a respecto de Eutiques y de su herejía monofisita (según la cual habría en Nuestro Señor Jesucristo apenas una naturaleza, y no dos –la divina y la humana-, una multitud compuesta por monjes, soldados y marineros exaltados invadió la iglesia para apoyar a los obispos heréticos y golpear a los padres conciliares que se oponían a Eutiques. Las iras se volvieron principalmente contra Flaviano. Llevado preso, murió debido a los malos tratos recibidos durante aquel tumulto, que quedó conocido como el concilio de ladrones, o pillaje de Éfeso, o aun el latrocinio de Éfeso.

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