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«Tesoros de la Fe» Nº 24 > Tema “Tradiciones Católicas”

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El “Niño Perdido”


El Niño Perdido


A la par de la Fe católica, el culto al Niño Jesús floreció por todo el Perú en una colorida variedad de manifestaciones, como las danzas de Pastores, Huaylías y Negritos, lujosamente ataviados. Y a las imágenes del Niño Dios mismo se las ha vestido de Rey, de Inca, de Alcalde. El Niño Jesús de Canta porta uniforme de Mariscal, y el de Láchocc de General.

Hoy, sin embargo, el enfriamiento de la Fe —que aflige a nuestro país como a todo el mundo— va generando una gradual pérdida del sentido de la Navidad, sobre todo de los aspectos más encantadoramente sobrenaturales del Divino Infante. Nos cabe desear y esperar para nuestra Patria el retorno a su primitivo fervor católico –cuyo enfriamiento es sin duda la causa principal de nuestros males– y actuar empeñosamente para hacer realidad ese retorno.

Como parábola de ello, está la tradición del “Niño Perdido” en la ciudad de Huancavelica. Se cuenta que hace muchísimos años una imagen del Niño Jesús era patrono del valle de Ica. Cierto día se perdió la venerable figura. Un tiempo después, por noticias de viajeros, constó que el Niño estaba en Huancavelica, y hacia allí partieron los iqueños en su busca, lamentablemente sin hallarlo. En recuerdo de ello en Huancavelica un grupo de danzantes locales simula llegar desde la costa en busca del Niño Perdido, cabalgando en caballos y burros, en un grupo llamado “La Negrería”, con sendos costales y cestas con vino, mangos y uvas. Los precede el “Waqra Senqa” —“Nariz de cuerno”— o Abrecampo, con su látigo llamado tronador, y los encabeza el Embajador de Etiopía que en cada esquina lee una proclama de los Reyes Magos.

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También hoy, de algún modo los peruanos estamos perdiendo al Niño Jesús, en la medida que disminuye el fervor de nuestra Fe Católica, de nuestra adhesión verdadera al Niño Dios y Hombre, Creador y Redentor, Rey de toda la Creación y de todas las naciones. Para que Él retorne a nosotros, sus mandamientos deben ser respetados en las familias y en las leyes, en la vida pública como privada.

Comencemos a buscarlo y rescatarlo en el fondo de nuestras almas y de nuestra cultura, en todas las regiones del país y también desde Lima, la Ciudad de los Reyes Magos, que fue ciudad de santos y es quizá hoy la más apartada de la irradiación sobrenatural del Niño Jesús.

Recordemos y renovemos el juramento al que aludió el gran Pío XII, a propósito del Congreso Eucarístico Nacional de 1935: “En Lima, Ciudad de los Reyes, elegisteis Rey vuestro a Cristo, Rey invisible de los Sagrados Tabernáculos, y jurasteis en vuestra alma servirle a El solo” *. ¡Que el Niño Jesús regrese a reinar en nuestros corazones!     



* Pío XII, Mensaje al Congreso Eucarístico Nacional celebrado en Arequipa, 27-10-1940.





  




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