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«Tesoros de la Fe» Nº 163

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Jesús expulsa a los mercaderes del Templo y elige a los Apóstoles

San Juan Bosco

Habiendo ido Jesús a Jerusalén para celebrar la Pascua, se dirigió al Templo y vio que estaba siendo profanado por los mercaderes. Unos vendían bueyes, ovejas, palomas y otros cambiaban monedas. Vivamente indignado el divino Salvador ante tal espectáculo, hizo con varios cordeles unos azotes y expulsó del Templo a los vendedores, echando por tierra las mesas de los cambistas y gritando:

—“Escrito está: mi casa se llamará casa de oración; y vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones”.

¡Cuánto debemos respetar nuestras iglesias, que son más dignas aún que el antiguo templo!

Jesús expulsa a los mercaderes del Templo, Alexander Bida, Litografía

Elección de los Apóstoles

Una gran muchedumbre de hombres, atraídos por los luminosos milagros obrados por Jesús, se hicieron discípulos suyos. Entre éstos escogió a doce, conocidos comúnmente con el nombre de los doce Apóstoles. Sus nombres: Pedro y Andrés, su hermano; Santiago el Mayor y Juan el Evangelista, hijos de Zebedeo; Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás; Santiago el Menor, hijo de Alfeo; Simón, apodado el celador, Judas Tadeo, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que más tarde hizo traición al Divino Maestro. A estos se unieron más tarde otros setenta y dos discípulos, destinados también a la predicación del Evangelio.

Después de haber hecho esta elección, el Salvador nombró a Pedro jefe de los Apóstoles y de los discípulos, y luego dio comienzo a su maravillosa predicación.

Las Bienaventuranzas

La predicación del Salvador puede dividirse en razonamientos, parábolas y milagros. Indicaremos lo más importante. Al principio de su predicación el Salvador llevó a sus apóstoles a la cumbre de un monte. Una oleada de pueblo que le seguía se reunió a su alrededor para escucharle. En esta ocasión pronunció aquel admirable discurso, que se conoce con el nombre de Sermón de la Montaña. Abraza en compendio toda la moral del Evangelio. Comenzaremos por las ocho bienaventuranzas:

  1. Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
  2. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra.
  3. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
  4. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados.
  5. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
  6. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
  7. Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
  8. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos


  




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Tesoros de la Fe


Nº 217 / Enero de 2020

Epifanía del Señor
Encuentro de los Reyes Magos camino a Belén

El encuentro de los Tres Magos, Maestro del retablo de San Bartolomé, c. 1480 – Óleo y pan de oro sobre tabla, Getty Museum, Los Ángeles



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Santoral

18 de febrero

Miércoles de Ceniza - San Flaviano, Patriarca

+449, d.C. + Turquía. Patriarca de Constantinopla (446-449), participó del concilio convocado por el emperador Teodosio II y realizado en una iglesia de Éfeso (Turquía) el 8 de agosto de 449. Cuando se deliberaba a respecto de Eutiques y de su herejía monofisita (según la cual habría en Nuestro Señor Jesucristo apenas una naturaleza, y no dos –la divina y la humana-, una multitud compuesta por monjes, soldados y marineros exaltados invadió la iglesia para apoyar a los obispos heréticos y golpear a los padres conciliares que se oponían a Eutiques. Las iras se volvieron principalmente contra Flaviano. Llevado preso, murió debido a los malos tratos recibidos durante aquel tumulto, que quedó conocido como el concilio de ladrones, o pillaje de Éfeso, o aun el latrocinio de Éfeso.

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